Homenaje a Gemma Cuervo

Gemma Cuervo, la actriz de la pasión

Pascual Vera Nicolás

 

Gemma Cuervo ascendió a la cumbre de la interpretación hace más de 50 años. Pero en este país nadie lo supo hasta medio siglo después, cuando, hace un par de años, “El mundo sigue, una joya a la que la censura franquista relegó hasta hacerla desaparecer, fue exhibida con carácter de estreno.

 

Su autor, Fernando Fernán-Gómez, acabó sus días convencido de que la película en la que más pasión había puesto, había sido apartada para siempre de la gran pantalla.

 

Y allí estaba Gemma Cuervo, 26 espléndidos años, una mirada arrebatadora, unos gestos medidos, dicción perfecta… Su labor en el film es la demostración de cómo puede meterse en la piel de otra persona hasta hacerla suya. Si hay una película amada por ella, esa es “El mundo sigue”.

 

En aquel film tuvo nuestra actriz un encuentro interpretativo vibrante con quien se convertiría en su inseparable compañero en la vida y en la interpretación durante décadas: Fernando Guillén. Ellos fueron los artífices de una saga de intérpretes que ha continuado con sus hijos Fernando y Cayetana Guillén Cuervo.

 

Actriz de teatro

 

Gemma Cuervo, actriz de raza como pocas, había nacido al mundo de la interpretación varios años antes de aquel filme, a finales de los años 50, de la mano de un Adolfo Marsillach.

 

Antes había matado el gusanillo de la interpretación en el teatro universitario, y una década más tarde de su debut profesional, en 1969, formaría compañía propia junto a su marido, Fernando Guillén, con quien preparó, organizó y representó tantas obras teatrales por toda la geografía española.

 

Los clásicos se convirtieron en sus eternos compañeros de viaje: Shakespeare, Esquilo, Zorrilla, Calderón, Schiller, Lope, Pedro Antonio de Alarcón, Valle Inclán, Galdós, Plauto, Tirso de Molina, Oscar Wilde o Fernando de Rojas, de quien encarnó a la mismísima “La Celestina”, su último e inolvidable personaje.

 

También se puso en la piel de clásicos modernos como Buero Vallejo, Pirandello, Alejandro Casona, Jean-Paul Sartre, Jaime Salom, Albert Camus, Harold Pinter, Edgar Neville, Ionesco, García Lorca, Fernán-Gómez… Todos autores con un innegable marchamo de calidad, que es lo que siempre ha presidido las obras que ha elegido, y también sus interpretaciones.

 

Labor televisiva

 

Con la misma intensidad, la llamaron durante cincuenta años los platós televisivos. En ellos representó decenas de personajes para algunos de los programas más míticos de la primera época de nuestra televisión.

 

Desde la inolvidable “Novela” de la tarde hasta los célebres “Estudio 1”, en los que se convirtió en una presencia cuasi perenne entre las segunda mitad de los 60 y la primera de los 70, gracias a su intervención en obras como “Las brujas de Salem”, “Cena de Navidad”, “El mercader de Venecia”, “Nocturno”, “La venganza de don Mendo” o “La vida en un hilo”.

 

Los años 90 le darían nuevo protagonismo en la pequeña pantalla gracias a su labor en series tan populares como “Médico de familia” y, últimamente, su papel como Vicenta Benito en “Aquí no hay quien viva”, y su labor como Mari Tere en “La que se avecina”, que han vuelto a convertirla en un ser entrañable y familiar para millones de españoles.

 

Medio siglo en la gran pantalla

 

Debutó en el cine con “El escándalo”, de Javier Setó. Muy pronto vendría “El mundo sigue”, de Fernán-Gómez, y enseguida trabajaría con Germán Lorente (“Vivir al sol”), José Antonio de la Loma (“Por qué seguir matando”) o Ladislao Vajda (“La dama de Beirut”).

 

Entre finales de los años 60 y comienzos de los 70, Gemma Cuervo trabajaría en varios de nuestros títulos de más éxito: “Los chicos del PREU”, una visión idílica de la vida de los futuros universitarios a cargo de Pedro Lazaga; “Vente a Alemania, Pepe”, un auténtico fenómeno de masas, que retrataba la emigración española de los sesenta y setenta. Y “Señora doctor”, de Mariano Ozores, un conato de defender el papel de la mujer en ciertos oficios en los que aún era muy raro verla en nuestro país.

 

Con posterioridad, ha trabajado a las órdenes de Pedro Masó, Jorge Grau, Angelino Fons, León Klimovsky, Ramón Fernández, Rafael Gil o Javier Elorrieta.

 

Gemma Cuervo se ha sentido siempre muy querida en la Región. Ahora vuelve a ella, al lugar en el que tantos personajes ha interpretado y tantas ovaciones cosechado. La ciudad de Mula tributa un merecidísimo homenaje a esta intérprete de carrera tan dilatada, tan prolífica y tan intensa.

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